Adelgazar sin dietas

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Recuerdo haber leído no hace mucho un artículo relacionado con las dietas y las personas que solían hacer dietas a menudo.

Es de por sí revelador que una persona haga dietas a menudo porque eso significa que, o no las sigue, o no le funcionan.

Casi el 80% de la gente que comienza una dieta, no la termina. Es más, la interrumpe antes de la tercera semana. ¿Por qué?

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¡Porque todas las dietas son una estafa! Hay gente que piensa que no se puede adelgazar sin dietas, y aquí en Estados Unidos, donde la obesidad es un problema, la gente quiere adelgazar pero no sabe.

O no sabe o no encuentra el momento.

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En muchas instituciones públicas de Estados Unidos, de hecho, se fomenta el consumo calórico desorbitado.

En los colegios, por ejemplo, cualquier tipo de reunión o evento, viene siempre amenizado por un copioso ágape que no deja indiferente a nadie. Es una locura.

El negocio de las dietas

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Tanto en Estados Unidos como en cualquier otro país del mundo, las dietas son un gran negocio.

Después de atiborrarse a comer mal, las personas se siente culpables y buscan nutricionistas y entrenadores personales que les den una solución rápida.

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¿Y cuál es? Ea, una dieta. 200$ por ponerte una tabla llena de alimentos raros, casi imposibles de conseguir, cocinados de una manera que es impensable para una persona trabajadora por falta de tiempo.

Es obvio que a las pocas semanas la mayoría lo deje.

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De repente, te cambian todos tus hábitos alimenticios, llenas a tu cuerpo de comida que jamás ha probado y encima en una cantidad que es menos de la mitad de la habitual.

La reacción del cuerpo no se hace esperar: te demanda de manera agresiva que vuelvas a los carbohidratos, azúcares, etc que le suministrabas antes.

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En ese impasse es donde la gente lo deja. Nadie les previene de que es una situación transitoria, y lo que es peor, su nutricionista no le configuró una dieta que tuviera en cuenta esa transición.

Resultado: fracaso, frustración…y vuelta a ganar peso.

No hagas dieta, aprende a comer

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Aunque en este negocio muchos entrenadores personales hablamos de “ponerse a dieta”, no es más que una manera de referirte a que vas a “afinar” con la comida.

Pero no es una dieta de choque, algo abrupto o repentino. Es simplemente bajar la carga de hidratos o azúcares y comer lo más limpio posible.

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Cuando llega un cliente que no está habituado a comer limpio, no se le puede introducir una dieta de deportista olímpico.

Hay que respetar durante un tiempo determinados hábitos para que el organismo esté más dispuesto a abandonarlos y que no reaccione a la defensiva.

No se le puede apartar de la noche a la mañana de los dulces si los come a diario, ni de los carbohidratos si son el pilar de su alimentación.

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Hay que convencer al cliente de que el paso que va a dar, no es para hacer una dieta de unos meses. ¿Luego qué?

Es educarse para toda la vida, para ser autosuficiente, para saber autorregularse, para saber qué comer.

Su organismo, a medida que vaya abandonando ciertos hábitos, va a sentir una menor necesidad de tenerlos y estará más predispuesto al cambio. No habrá schock.

Tampoco se le puede poner a un cliente una dieta basada en productos que son muy difíciles de conseguir. La gente trabaja miles de horas.

No pueden pasarse la vida recorriendo supermercados y mucho menos, cocinando lo que se les dice. Apenas tienen media hora para comer ¿Cómo diablos van a hacer un salmón gratinado al horno con queso y espárragos?

Seamos realistas: hay que adaptarse al cliente y llegar a un punto en el que se le haga ver que para conseguir algo tiene que esforzarse, pero al mismo tiempo, allanarle el camino para que la probabilidad de éxito aumente.

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