El éxito no se aprende, se imita

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Es cierto que buena parte del éxito que conseguimos en la vida, viene dado por las lecciones que aprendemos, generalmente los fracasos.

Pero no me estoy refiriendo a nada de eso ahora. Es algo completamente distinto que tiene que ver con la imitación constante de los padres por parte de los hijos.

¿Quién no conoce a algún padre obsesionado con que su hijo sea exitoso en la vida? Mejor dicho, ¿qué padre no lo está? A todos nos apetece que les vaya lo mejor posible en todo lo que emprendan.

El problema básico (y es aquí donde está la diferencia) es que la mayoría de los padres intentan enseñar el camino sin haberlo recorrido, y ante unos pequeñajos que no hacen más que imitar, especialmente al principio de su vida, eso no basta.

A cuántos padres no vemos a diario contándole a sus hijos lo que tienen que decir, lo que tienen que entrenar, lo que tienen que comer, lo que tienen que sentir, lo que tienen que pensar,…y después ellos hacen exactamente lo contrario.

El hecho de ser padre no te otorga un carné de persona cualificada y relevante, y eso quiere decir que, por muy padre que seas, no vas a convertirte por arte de magia, en una especie de sabio de la noche a la mañana.

Sin embargo, muchos así lo creen y así actúan.

Todos sabemos que los niños aprenden por imitación, pero no solo cuando son pequeños, sino también a medida que crecen, y si sus primeros gestos, movimientos o palabras, los han aprendido imitándote, ¿por qué no crees que vayan a imitar el resto de cosas que haces en tu vida?

Imitan lo que ven: si te ven bebiendo a diario, ellos beberán; si te ven tirado en el sofá todo el día, lo mismo harán; si te ven todo el día diciendo palabrotas, hay muchas posibilidades de que haya que lavarles la boca con jabón cuando sean adultos.

Así que no gastes saliva hablándoles de una vida de sacrificios y éxito si tú mismo no la has conocido. No pierdas el tiempo en charlas interminables cuando eres incapaz de capear los temporales que arrecian en tu vida.

¿Qué hacer?

Nadie nacemos filósofos, ni intelectuales, ni sabiondos. Pero sí sabemos que el trabajo duro y el esfuerzo conducen a muchas cosas buenas.

La paternidad no puede ser una excusa sino una razón para seguir adelante y aumentar los sacrificios, los esfuerzos y la búsqueda de la perfección en cada cosa que hagas.

Si cuando tu hijo se despierta, tú ya estás levantado, esa imagen se graba en su cerebro; si cuando él se va a dormir, tú te quedas trabajando o te vas a la cama a la par, esa imagen se graba en su cerebro; si cuando una mala noticia llega a casa, tú te mantienes firme, sereno y pensativo, esa imagen se graba en su cerebro; si cuando hablas con tus  clientes o compañeros de trabajo, lo haces con respeto y empatía, esa imagen se graba en su cerebro; si nunca te ve desfallecer, rendirte o siempre con un esbozo de alegría en tu cara, esa imagen se grabará por siempre en su cerebro.

Puede que mientras conviváis, él nunca ponga todo ello en práctica. Al fin y al cabo él sigue protegido, en casa, sin demasiadas preocupaciones. Pero tranquilo.

Cuando sea él quien se quede solo en su propia casa, completamente desorientado y sin que nadie le diga lo que tiene que hacer, todo aquello que vio y asumió en casa le servirá de guía.

No se pasará el día tumbado en el sofá, porque se sentirá raro, ni jugando a videojuegos, ni perdiendo el tiempo en cosas triviales, porque eso es algo muy ajeno a su vida. Jamás lo vio en casa.

Cuando le llegue cartas, noticias o recibos imprevistos, no se preocupará más de lo normal, porque sabrá como lidiar con esas situaciones…ya que de pequeño vio cómo lo hacían sus padres.

Todo eso le tranquilizará, le asentará y le ayudará a formar una vida estable y sin altibajos, porque desde que se levante por la mañana hasta que se acueste, sabrá lo que tiene que hacer a cada momento. Sabrá que tiene que levantarse pronto para completar tareas, domésticas o laborales, y sabrá también que le espera un duro día por delante.

Pero también sabrá que después de unos cuantos de esos días de esfuerzo y trabajo, vendrá la recompensa, porque eso también ocurrió en casa y también lo vio.

Vio cómo sus padres triunfaban en sus negocios, en sus trabajos y en todo aquello que se proponían gracias a esos “días de esfuerzo” y sacrificio.

Por eso, aunque haya excepciones que confirman la regla y, a veces tengas que charlar con ellos porque el ejemplo no es suficiente, ser tú el primero que asume retos y enseña con el ejemplo, te ahorrará esa incertidumbre sobre si tus hijos van por el buen camino o no. Todo lo demás, es palabrería.

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