Estados Unidos: la oveja descarriada

oldglory¿Qué dirían los padres de la constitución americana si hoy pudieran ver en lo que se ha convertido el país que con tanto anhelo fundaron? ¿Estarían satisfechos? ¿Se sentirían orgullosos? Mucho me temo que no.

El ambiente que circundaba las colonias británicas del nuevo continente allá por 1750, era el de despojarse del lastre de una madre patria que solo se acordó de ellos cuando la prosperidad llamó a sus puertas. Hasta entonces, los futuros Estados Unidos de América habían sido poco más que una tierra yerma y sin expectativas. Sin embargo, los avances económicos y la buena predisposición de sus nuevos moradores se tradujo en mejoras económicas que sobrepasaban las expectativas del momento.

us-public-debt_ebsLo único que deseaban era escindirse de la corona británica con el fin de poder hacer su vida por libre; solo deseaban que les dejaran en paz, comerciar con todo el mundo, y no meterse en la vida de nadie, incluida la de sus ciudadanos.

Más de 200 años después, la situación ha cambiado enormemente. Si toda la segunda mitad del siglo XX los diferentes presidentes se han esforzado para la discutible tarea de repartir democracia por todo el mundo conocido a golpe de cañón, la otra poderosa “herramienta” que han utilizado para introducirse también en la vida de sus ciudadanos, ha sido la deuda.

La Tierra de la Libertad, se ganó tal sobrenombre a causa del respeto que sus principios fundadores exhibían por las libertades individuales y que se reconocían a todos y cada uno de aquellos seres humanos que arribaban a sus costas año tras año. Perseguidos en Europa y otros lugares del mundo por sus creencias, cientos de miles de personas avistaron por vez primera la oportunidad de ser libres para creer, para pensar y para perseguir sus propios sueños.

1000509261001_2008586720001_BIO-Barack-Obama-SF-FIX-RetryDesde entonces, nadie les arrebataría el fruto de su trabajo, nadie se atrevería a señalarlos por razón de sus creencias, ya no serían ciudadanos de segunda, no tendrían que ser marcados como reses…se les dispensaría el trato de seres humanos que merecían. Por vez primera, no tendrían que sentirse como esclavos.

Sin embargo, existe una fórmula de esclavitud mucho más silenciosa y sutil que la de la fuerza bruta: la deuda. Y eso es algo a lo que Estados Unidos ha sucumbido estrepitosamente. La deuda esclaviza y cuanto más poder tiene el gobierno, más intensa se hace esa esclavitud y su población menos libre. Actualmente, los gobiernos han adquirido tantas obligaciones, la mayoría de ellas innecesarias, que no han tenido reparos en endeudarse hasta los topes para luego forzar a sus ciudadanos a pagar la cuenta. Ahora, buena parte de tu trabajo ya no es para ti, sino para sufragar las majaderías de tus políticos.

En la Atenas del siglo V a.C. mucha gente sucumbió a la esclavitud por deudas y solo algunos adelantados a su tiempo como Solón o Pisistrato se percataron de las bondades que el libre comercio podía ofrecer a la gente para librarse de las mismas.

Al igual que ellos, los Padres Fundadores sabían lo que era la deuda y en tal sentido se pronunciaron: Thomas Jefferson afirmó que no se debía permitir a los gobernantes cargar a los ciudadanos con deudas; Alexander Hamilton pidió orientar todos los esfuerzos posibles a reducir la deuda presente y evitar en todo lo posible la deuda futura; James Madison identificaba la deuda con la encarnación del mal y Ben Franklin afirmaba que, al caer en deudas, le entregabas a otros poder sobre tu libertad.

Sus advertencias, sin embargo, cayeron en saco roto. Primero Lincoln,en 1860, después en 1913, con la creación de la Reserva Federal y más tarde, a partir de 1980, la deuda estadounidense no ha dejado de crecer hasta convertirse en un monstruo que probablemente terminará por fagocitar la libertad de sus ciudadanos. Exactamente lo que los Padres Fundadores querían evitar.

Estados Unidos hace tiempo que no figura como el país con mayor índice de libertad económica y parece que ya hay otros alumnos más aventajados en esta carrera como su vecino Canadá. Por eso, es irritante ver a los actuales presidentes vanagloriándose de representar el espíritu de la carta fundacional, cuando lo que han hecho es exactamente lo contrario.

Solo una vuelta a los auténticos principios fundadores, podrán remediar la situación.

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